Mostrando entradas con la etiqueta Rubielos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rubielos. Mostrar todas las entradas

Una fábrica de alfombras

     En el Rubielos de los años 50, el señor Miguel, tras sufrir una aparatoso infarto, sin duda consecuencia de su gran afición a los pitillos, tuvo que cambiar de aires y tomarse las cosas con tranquilidad. De esta manera, antes de entrar en las cuestiones de la Caja de Ahorros, donde acabaría su vida profesional, pensó en abrir sendos negocios contando con la ayuda de su hija, aún soltera. El primero de ellos, una fábrica de gaseosas. El segundo, y de manera simultánea, una fábrica de alfombras de nudo que alcanzó cierto renombre en tierras aragonesas y valencianas. 
     El acento artesanal de las obras le confería una apariencia costumbrista y colorista a todas las piezas, con diseños propios de los años 50 en que se desarrolló la actividad profesional. Dejarían de producir a finales de los años 60, cuando su hija se casó y marchó a Valencia y D. Miguel Torán pasó a ser director de dicha Caja. Os adjunto dos imágenes preciosas de alguna de las realizaciones fotografiadas por aquellos años en la terraza donde las secaban, recayente a la calle del Muro, sobre la antigua muralla.

Se vislumbra un cambio generacional de sogueros-emboladores

     Desde que la cuadrilla encabezada "espiritualmente" por el recordado Gonzalvo, con Palomar, Tarzán, Manuel el Herrero, El Feo, etc., desbancara, no de manera amistosa sino con el poderío de una juventud bravía y arrogante de fuerza que acabó por imponerse a los clásicos emboladores y sogueros poco después de acabada la guerra civil de 1936-1939, con nombres tan míticos como el de Valero, no se había vivido una situación como la que se comienza a vislumbrar estos últimos meses. Aquellos aguerridos personajes que marcaron un tiempo y que han tenido como herederos naturales a míticas figuras de su entorno familiar o cercano de la talla de Miguel y Clemente Palomero, Enrique y Pepe "Laguna", Ángel “Madaleno”…, en un verdadero dominio taurino-jerárquico de más de medio siglo, aguantando el envite de sucesivas oleadas de pretendientes a lo más alto del escalafón, como Antonio “Mata”, entre otros, que intentaron disputarles infructuosamente, por ausencia de respaldo, el monopolio de la fiesta… parece que comienza el asalto de un nuevo grupo de jóvenes que quieren apartar a los actuales primeros espadas, instalados sobradamente en la cuarentena larga.
Foto: Corina Arranza. ABC, 27-07-2011
     Era un chascarrillo que se venía escuchando estas últimas fiestas patronales de la Santa Cruz. Se sabe que han lanzado su candidatura al mismo alcalde y que su intención es levantar cabeza y competir por los puestos principales de una tradición centenaria. Ya veremos que ocurre, pues muchos buenos lo han intentado y no lo han conseguido, por falta de apoyos o por el temple de una generación histórica. Aunque tienen a su favor la inexistencia de una continuidad natural en activo de la actual cuadrilla y la edad de los actuales emboladores, que le va mermando, naturalmente, facultades.
     Pase lo que pase, creo que es necesaria una aportación de sangre nueva a una costumbre, la del toro en Rubielos, que parece aletargarse ante la ausencia de reforzadas nuevas figuras que, con la competencia y las oportunidades, puedan renovar ese carácter y ese genio que años atrás tuvo. No obstante espero que, si así ocurre, si de verdad están a la altura, todo sea una continuidad y no se pierda la sabiduría, los conocimientos y el temple de instituciones como los Palomero, que tanto han ofrecido a la conservación del rito más auténtico de nuestra tauromaquia.

No hay toro esta noche

     Hacía mucho tiempo que no iba a un toro embolado en Rubielos. Sin duda, reconozco que en los últimos años me había ido alejando por circunstancias de una fiesta en la que me había involucrado mucho tiempo atrás. Por diversos motivos: falta de condición física, respeto, desazón... Había preferido quedarme en casa en los últimos tiempos.
Gabriel Alonso, "Yuguete", 2004.
     El pasado sábado 20 de agosto, por fín, decidí acercarme. Las cosas pintaban bien. Un toro cerril, comentaban unos, un buen animal, decían otros... en fin, era la noche. Una vez más, como es habitual, la hora programada no se respetó (una costumbre de los últimos años que se hace ya molesta y nos hace aparecer ante los visitantes como unos informales); programado el pasacalles a las 23,30 horas comenzó casi tres cuartos de hora más tarde. Además, sólo se abrió el portón de los corrales una vez terminada la música, con lo cual nos plantamos a las tantas. Todo eran nervios, impaciencia, gente a borbotones, lleno en la plaza y, de repente, la sorpresa. ¡No hay toro! Tras avisar a la máxima autoridad, uno tras otro, los emboladores habituales van saliendo y desaparecen de la escena contrariados, esta noche no podrán trabajar. Al no haber reemplazo como en otras ocasiones, ¡adios! Uno de ellos, con paso pausado, sube a la plaza del café y recoge los "aperos" de la embolada. Nadie avisa a nadie, nadie sabe nada... la gente "intuye" que todo se ha acabado. La noche taurina se acaba, sin más. Todos a casa.
     Aun se recuerda cuando, en décadas pasadas, iban dos de los principales emboladores horas antes (Palomar y el Herrero) y le colocaban las anillas al animal, sujetas con un pequeño cordil y lo dejaban preparado y listo para la noche. Un acto que se hacía en silencio de corrales y en el que todas las cosas quedaban previstas por la experiencia y se observaban las incidencias en el morlaco. Una tradición tan compleja y cargada de liturgia y esencia como la cogida del toro de fuego en Rubielos no se debería de improvisar. Más fácil sería hacer lo que todos hacen, una sola cuerda, al pilón y corte, pero eso no es lo nuestro. No es lo que se nos ha legado por nuestros antepasados.
     Hoy en día, como hablábamos, el portón se abre a última hora y el gentío abarrota los toriles con un estruendo y un bullicio que  altera al animal y lo hace mugir y cabecear contra todo lo que se mueve, paredes, puertas, etc., lo que puede desembocar en accidentes no habituales con otros procederes. Evidentemente, si algo sale mal, poco espacio queda para buscar soluciones. Como pasó la otra noche. Si se hubiera actuado como manda la tradición, o la experiencia de los mayores, se habría visto el cuerno herido del colorado horas antes y se hubiera podido tomar una medida oportuna: reemplazar al animal de inmediato.
     Como es obvio, a las 12,15 horas de la noche, con la muchedumbre en puertas, ningún margen de maniobra queda, salvo el fastidiarse y punto. Una lástima. ¡Viva la tradición!. Todos a la verbena o, en mi caso, a dormir, que tampoco fue un mal resultado.

Gonzalvo y un ejemplo de maravillosa ilustración

     Sin duda, una de las publicaciones más hermosamente ilustradas que conozco es la de: Martínez Rondán, J., El templo parroquial de Rubielos de Mora y fiestas que se hicieron en su dedicación, 1980. Los dibujos a plumilla del maestro rubielano, glosando el hermosísimo episodio de la construcción de la nueva iglesia intramuros plasmado en sus páginas por el presbítero saguntino, son ejemplo y delicia de como se trabaja una edición, aplicando mimo, oficio y gusto, como si se hubiera impreso en otros tiempos. También acompañan el libro una representación de las ermitas de la población que ya las incluiremos más adelante. Creo que merece la pena ver todas estas creaciones por separado por, simplemente, disfrutar.

     Imagen de los últimos momentos constructivos, en el que los maestros canteros ultiman las piezas de la torre campanario y la colocación de los pináculos sobre los contrafuertes. En el ángulo izquierdo, el arquitecto Pedro Ambuesa muestra los planos al mosén, con sotana y teja, que le indica algunas observaciones.
     En este primer dibujo el artista recrea con fidelidad el interior de la antigua parroquial, desnudo de la reforma realizada en el siglo XVII para incorporar, entre sus muros, la iglesia y convento de agustinas. Adviértanse las características del viejo templo diafragmático o de reconquista, con una sola nave con capillas entre contrafuertes, con arcos de piedra apuntados y techumbre de madera a dos aguas, así como la cabecera plana con rosetón y los tres absidiolos. Llama la atención la incorporación de personajes actuales a la escena, como Miguel Ángel Torán (primero desde la izquierda, en primer plano), mosén Segis, como cura de la representación con incensario, Vicente Palomar, manejando la bandera en reverencia, el propio José Gonzalvo, a continuación, y "El Feo", cerrando en el extremo derecho con un farol. 
     Preciosa resulta esta recreación de la comitiva procesional con el Santísimo saliendo del antiguo templo hacia el pueblo. Se observa el edificio despojado de las construcciones que hoy en día lo ocultan y la vieja rambla del Romeral canalizada junto al camino con sus pequeños puentes.

     Bella instantánea de mujeres que acompañan la procesión con el numeroso público que, desde las puertas de los huertos y los pretiles, asisten piadosos al paso del palio. Al fondo, todavía con los andamiajes pero casi concluida, la torre campanario.
     Plasmación solemnísima del conocido episodio de la entrada del Santísimo Sacramento a la villa. Una granada suspendida desde el portal se abre, con un niño en su interior vestido de ángel, que realiza cánticos eucarísticos y derrama unos pétalos de flores. La multitud de clérigos y fieles asiste emocionada al acto.

    Después de una ilustración que plasma la bajada procesional por la calle de los Leones, se presenta esta brillante composición de la entrada de la Eucaristía al recientemente inaugurado nuevo templo. Todos los objetos litúrgicos se aúnan con el gentío y la composición arquitectónica del espacio de la plaza de la Sombra para conseguir unos efectos realmente sublimes.