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El año que fuimos quintos

     Ya han pasado 20 años desde aquel 1992 olímpico que todos nosotros ansiábamos como el momento de nuestra mayoría de edad, nuestros 18. Fue el año en que salimos de Reyes Magos la noche del 5 de enero y, en las fiestas del Carmen, sacamos el Farol al anochecer del 15 de julio, a la Patrona la tarde del día 16 en la fiesta mayor y, el domingo siguiente, hicimos la media procesión con Ella a las 12 de la mañana (cuya foto aquí pongo, a su paso por el Carreluengo). A penas nos vemos todos aquellos jóvenes que estuvimos en aquel "ajo": Pedro "Sardina", Antonio "Toñete", Miguel Ángel, "Quintillas", Jesús, Javi, Pilar, Bea, David...
     Desde entonces mucho ha llovido, algunos han faltado y muchas cosas, casi todas, han cambiado. Y a mi me dá la sensación de que la vida se nos ha vuelto como un rollo de papel higiénico, que al principio cuesta desmadejar pero que a medida que avanza acelera su ritmo casi imparable, sin darnos cuenta.

Himno a la Virgen del Carmen, de Ramón Payá

     Como hemos comentado en otras ocasiones, tras la desaparición de la capilla musical de Rubielos vino una época, menos brillante pero no por ello menos interesante, de música de armonium e instrumentos de banda que interpretaban las obras sacras en los días importantes del calendario litúrgico. Se conservan numerosos himnos y salves, depositados en un reconocido Archivo Musical. Entre todos ellos, en esta ocasión, os incluyo la portadilla del Himno a la Virgen del Carmen, uno de los dos que se conservan, obra del músico Ramón Payá Ibáñez, -que en el año 1873 había creado la banda municipal de Massarrojos, siendo su primer director-, que ha llegado hasta nosotros gracias al celo que puso, a principios del siglo XX, el rubielano Hermelando Bayo. Su relación con otros músicos en Valencia nos ha legado un importante patrimonio que sería importante estudiar, conservar e interpretar.
     La presente obra fue recuperada parcialmente hace unos años por el coro parroquial a partir de una transcripción de este original que pudimos hacer para la ocasión. La obra realizada para tres voces, tenor, tiple y bajo, con estrofa para tenor solista y con acompañamiento de órgano, contrabajo, clarinete, violoncello, violín y flauta, es muy hermosa y bella. No conocemos la fecha de composición pero, con total seguridad, debió ser cosa de los primeros años del pasado siglo, dejándose de interpretar con la guerra civil de 1936, que cercenó lastimosamente personas, intrumentos y costumbres.